Llegó el momento de disfrutar de las horas de sol...Lo deseaba, así como deseaba que llegaran las aguas a su cauce. Deseaba los días brillantes, y era tan grande mi deseo como mi odio a no sentirnos seguros, a no respirar profundo y terminar con una gran sonrisa.
Pasó el otoño sin fin, de manos frías e interesadas, del ir y venir, de miradas de hielo, de esas que cortan la tranquilidad.
Llegaron los días de verano, de cegueras por el sol a hora punta..pero no importa, llegaron días de manos llenas de caricias cargadas de intención, de las de derretirse por dentro.
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